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Introducción a la mitología mesopotámica

Introducción a la mitología mesopotámica

En 1845, el arqueólogo británico Austen Henry Layard encontró en la ciudad de Nínive (dedicada a la diosa Ishtar) un conjunto de tablillas datadas del 1200 a. C. Actualmente, Nínive se sitúa en Mosul, la tercera ciudad más poblada del norte de Irak. Las tablillas estaban en la Biblioteca del Rey Asurbanipal.

Son el poema de la creación entendida por la civilización babilonia. Se les ha dado el nombre de Enuma Elish, que se traduciría como «Cuando en las alturas», porque es así como comienza su narración. Se nutre de antiguos textos sumerios, acadios y asirios, cuyos conceptos estaban inmersos en la tradición cultural y oral antes de que sobreviniera la posibilidad de escribirlos. Uno de estos conceptos es la humanidad entendida por los sumerios no como individualidad, sino como unidad: todos eran uno.

Otro se refiere a que el mundo, antes de la creación, era de naturaleza oscura y salvaje. Los dioses se mezclaban con los demonios y los niños dioses devoraban a sus padres para conseguir poderes divinos.

No hay una versión única sobre el origen de la creación de la Tierra y del hombre. Las deidades fueron cambiando de nombre según la civilización, pero conservando sus atribuciones principales.

Dichas deidades sumerias eran An, dios del cielo, Enlil, señor del Aire y de la Tierra; Ninhursag, diosa madre; y Enki, señor entre el Agua y la Tierra.

Los babilonios les cambiaron el nombre: An por Anu, Enlil por Ellil y Enki por Ea.

Tiamat (Dragón Hembra)

Tiamat (Dragón Hembra)

Tiamat es la diosa demoníaca del caos (el estado amorfo e indefinido anterior a la ordenación del cosmos); una diosa primigenia, junto con Apsu, su consorte. Esta pareja de dioses crea a otros dioses de menor entidad.

En el Enuma Elish los viejos dioses libran una guerra contra los más jóvenes. Así se inicia todo.

Apsu es asesinado por los jóvenes dioses que buscaban usurparle el trono y matarlo. Tiamat cabalga al frente de su ejército contra Marduk, guerrero de cuatro ojos y orejas cuyo aliento expele fuego. Sus armas son el viento y el trueno, de las que hace uso mientras cabalga a lomos de su dragón.

Marduk consigue atrapar a Tiamat con una red. Sus gritos de ira se solapan con la penetración de siete vientos a través de su garganta que neutralizan los bramidos.

Vencida, Marduk despedaza a Tiamat. Con la parte superior de su cuerpo crea el cielo, las estrellas y los planetas y, con la inferior, la Tierra. Sus pechos forman montañas, y los ríos Tigris y Éufrates brotan como lágrimas de sus ojos.

Marduk concluye la escena situando el sol en el nuevo orden.

Andres Viñas. Escritor

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