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Sol
Sol
El sol, el astro rey por excelencia, el ojo del mundo, puro, que todo lo sabe. Su existencia data de 4600 millones de años y es puro plasma con forma de esfera. El ser humano siempre lo ha adorado, otorgándole hasta la misma divinidad. Fuente de luz y calor que nutre a las plantas y a los hombres, aviva el espíritu para hacerlo fuerte frente a la oscuridad.
El Sol es el héroe que carga con su fuego en una lucha diaria de fuerza heroica y generosa, definido ya por los egipcios del Imperio Antiguo como brillo y esplendor. Es, para muchas tribus primitivas, los ojos del cielo junto con la Luna, su antagonista.
Invicto, se asocia a él la resurrección, puesto que no puede disolverse ni morir al bajar a los infiernos. En el culto que tenía lugar durante el Imperio Romano tardío, se celebraba el nacimiento del sol no conquistado del solsticio de invierno, principal protector y símbolo de la salvación.
Es, al mismo tiempo, un astro dual porque cuando desaparece surge lo oscuro, lo inconsciente. Emerge aquello que pierde la voluntad de la existencia. ¿Para qué? Para habitar en una profundidad de la que debe aprender a escapar y volver a nacer en su ser y en un ciclo interminable.
No se puede tocar. Solo puede sentirse su poder y dejar que purifique los sentidos obstruidos que no nos permiten avanzar. Es también riqueza y se encuentra asociado al oro por su parecido.
Es, además, una estrella de tipo G de la secuencia principal y clase lumínica V …