En plena Semana Santa de 2021, cumpliendo con las condiciones que dictan el contexto actual, he realizado un viaje a mi ciudad natal al objeto de realizar trámites administrativos. Después de varios meses sin ver a mis escasos familiares, que se reducen a madre, hermanas, sus parejas e hijos, mis sobrinos vinieron a visitarme. Según algunos familiares sus visitas son propias de seres cariñosos ávidos de amor, desde mi punto de vista se trata de una actividad motivada por la posibilidad de obtener recursos.
Mientras paseaba con mi sobrino de 18 años le pregunté cómo le iban los estudios- estaba en 2º de bachillerato habiendo repetido solo una vez 1º gracias al COVID- respondía que había suspendido 3 asignaturas, algo que me parecía poco comprensible para el número de horas que supuestamente le dedicaba a los estudios según sus propias afirmaciones y el coste de las horas extras pagadas por los padres. No obstante, esta información no era totalmente correcta y posteriormente, me informaron que realmente había tenido seis suspensos pero que le daba vergüenza decírmelo.
Al conocer esta nueva información, en otra oportunidad que tuve de hablar con mi sobrino a solas le comenté que este año seguro que iniciaba la universidad y que caso contrario podría buscar trabajo, su respuesta: “sí Tito, además he sacado dos sobresalientes”. Dicha situación me hace reflexionar sobre qué elementos han influidos en tal fracaso escolar y lo que es peor, ocultar dicha situación a sus familiares.
Por un lado, tenemos un chico que desde mi punto de vista tiene lo que llamarían los filósofos de antaño un carácter flemático, una persona más bien tranquila, poco energética y que puede permanecer sumido en sus propios pensamientos durante horas sin hacer nada. Por otro, nos encontramos con un padre empeñado, desde su nacimiento, en proyectar una imagen de niño superdotado sobre su retoño, ocultando sus defectos y elevando cualquier tipo de virtud a niveles insospechados. Sin embargo, los recursos de los que dispone dicho adolescente sin trabajar – ir a comer dos veces a la semana con sus amigos/novia y al cine, alquilar apartamentos para fines de semana y todo tipo de artículos de carácter lúdico, pueden ser un factor mucho más determinante. Evidentemente, solo he dado unas pequeñas pinceladas entorno a la situación y faltan muchos más datos que incluso pueden ser relevantes pero que en esta ocasión no considero oportunos.
