Verum. Justum. Pulchrum. (Verdadero, Justo y Hermoso)

Ionela llamó por teléfono a Florín, uno de sus compañeros de piso. Estaba durmiendo; había pasado la noche trabajando. Le respondió con voz de ultratumba. Ionela apenas podía hablar, pero entre sollozos consiguió decirle que, si no arreglaba de alguna manera el percance, perdería su empleo. Al oír aquello, Florín pareció resucitar.

—Allí estaremos.
—No podréis pasar.
—Tendrás que inventarte algo…
—En media hora, aquí.
—Necesito más tiempo.
—En una hora, máximo.
—Vale, fiera…

Ionela se puso en contacto con los dueños de la casa. Les explicó que el perro había sufrido un episodio de evacuación intestinal severa y que tendría que quedarse más tiempo hasta limpiar todo el destrozo. Poli era como un hijo, así que, en diez minutos se plantó en la puerta un familiar para hacerse cargo de él. De un plumazo, Ionela consiguió sacar al perro de la ecuación. Bajó hasta el patio interior de la comunidad; allí estaban las hojas, esparcidas por el suelo. Las recogió una a una y subió a toda velocidad.

Antes de que lo recogieran, Poli fue dejando unos cuantos suculentos regalos por varias habitaciones más. Lejos de caer en desánimo, Ionela respiró hondo, cargó pilas y se puso a limpiar como nunca lo había hecho.
Los rumanos llegaron a la hora, ni un minuto más ni uno menos. Ionela se asomó a la calle por una de las ventanas: Florín, Mihaela, Dumitru y Genoveva esperaban una señal para entrar. Era el momento de poner en práctica lo único que se le había ocurrido.

Andres Viñas. Escritor

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